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lunes, 15 de junio de 2015

OPINIÓN POR JUAN GARCÍA CAMPAL De posar para ella, Charo Acera, a ¿qué pensará el barro? Vuelvo a lo escrito para recordar, con la mayor precisión posible, el día que posé para ella, Charo Acera, y leo...

OPINIÓN POR JUAN GARCÍA CAMPAL 

De posar para ella, Charo Acera, a ¿qué pensará el barro?
Vuelvo a lo escrito para recordar, con la mayor precisión posible, el día que posé para ella, Charo Acera, y leo...


DEL CUADERNO CASI DIARIO

...que -tal custodia, por una vez, mi negligente archivera- era uno de esos días en que, aún siendo verano, a uno le habita el invierno y todo es frío y lento gotear de carámbanos que se deshacen tal que ilusiones y sueños… de los que aún te dejan más a la intemperie de la vida y sus cosas.
Recuerdo bien –de nuevo recurro a la memoria escrita- cómo -al llegar a la segura, amistosa y acogedora casa, porque es casa, de Irene y Fran que es Kanya Enmarcación, donde se obra el milagro de embellecer aún más el arte, diría de completarlo, tanto que creo debería llamarse Kanya Enm-Arte-cación, pues se practica allí el arte de enmarcar arte-, observé que allí estaba, ¡ya!, mi viva, exacta y cierta representación, en la pella de barro, masa informe, que no otra cosa me sentía. Aún hoy, ahora, al rescribirlo una daga de hielo transita hiriente mis entrañas.
Mas salgamos del frío, que también hay memoria escrita de cómo se iban mis fríos y regresaban, sí, muchas vitales cosas; esas que sé conforman mi “dudosa filiación. Pues contra todo pronóstico y tradición… de ella, una mujer, ¡toda una mujer!, me viene la fortaleza, y de él, un hombre, ¡todo un hombre!, la ternura”.
Sí, allí, de las manos, de los dedos y miradas de Charo, iban naciendo en el barro las paternales orejas de él, el hombre, la maternal papada de ella, la mujer, la nariz de ambos, la boca abierta, siempre dispuesta al beso, la sonrisa y el humo, y todo lo que cada una de esas “sencillas cosas” recuerdan, representan y exigen.
Sí, así, presión a presión, caricia a caricia de Charo al barro, me iba yo entibiando, reviviendo. Sí, así, hasta que al final de aquel breve tiempo me habitó la gratitud y la alegría por el milagro que había representado el que Charo Acera, a través de su bien hacer con el oscuro barro, me hubiese devuelto la cálida luz de la vida, por haberme permitido asistir –sin saberlo ella- a tan íntimo renacer, y así sentirlo.
De aquel más que ambicioso, generoso proyecto titulado “Posa para mí”, de este colosal proceso creador, se pueden ver, reconocer y admirar los artísticos frutos (hasta el próximo día 19 en horario de 12 a 14 y de 18:30 a 20:30 horas y hasta el 24 de julio de 12 a 14 horas) en el Ateneo El Albéitar, esa fuente cultural que mana permanentemente desde la Universidad hacia la ciudad-anía.
Fue allí –ante aquellas decenas de bustos re-creados, conocidos unos, ignotos otros, donde, en solitario, admirando cada uno de ellos, descubriéndolos habitados de duende, de ángel, sintiendo cómo y qué bien te hablan con sus miradas y gestos retenidos de a quien representan; abrumado de alguna manera por tanta humana belleza y constatando cómo cada una de ellos nos dice que lo que contemplas es mucho más que fruto de la fría técnica aprendida, que es aprehendida, deseada, amada pericia sentida, animada, dotada de espíritu, de Charo Acera que ha sido capaz de, parafraseando Miguel Ángel, romper el hechizo de la materia, del barro, y liberar las figuras en ella, en él dormidas; allí donde caí de nuevo –conmovida mi mente su memoria funciona mejor– en que como dijera George Bernard Shaw: los espejos se emplean para verse la cara, el arte para verse el alma.
Sí, allí fue donde, adentrándome aún más en las obras de arte de Charo Acera, me pregunté qué pensará el barro ya hecho arte y brotaron, con naturalidad conmovida, estos renglones cortos:
¿Qué pensará el barro ya hecho arte?
¿Guardará memoria de su mutación?
De hacerlo, ¿qué pensamientos tendrá?
¿Los tuyos, Charo, mujer, artista, re-creadora?
¿Los de la persona re-tratada, duplicada?
¿Los tendrá propios o será en cada átomo,
sencillo, natural recuerdo y sentimiento?

Me hago barro y…
¡Silencio!
Que no debo –ni quiero- dejar de
recordar, de sentir, ¿de pensar?

Sí, me llamarán barro, sin saber
que, por tus manos, ya me sé
perenne flor de arte y emoción.

A ustedes, les recomiendo no perderse esta exposición, cuya prórroga en el tiempo por parte de la Universidad ha sido más que bienvenida.
A ella, a ti, Charo, Charo Acera Rojo, mi admiración y mi gratitud, sí, aun cuando hayas desvelado mi más atesorado secreto al exponerme públicamente tal cual soy: descerebrado.
Mas es lo que guarda el arte de la vida, o la vida del arte: el riesgo y la ventura.
Juan G. Campal