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martes, 28 de junio de 2011

CATEDRAL DE LEÓN

Veintidós años pasando cada día por delante de tu puerta, y hoy entré, como tantas otras veces a sentarme en mi rincón favorito, bajo el púlpito de madera, en lo oscuro de las mañanas sin luz, antes de que lo invadan todo los peregrinos y sus vociferantes guias que no respetan el silencio del espacio sagrado que generas, y entré porque algo en la boca del estomago me presionó como cuando sientes que va a suceder algo, algo bueno. Y así ocurrió. Entró el sol con toda su fuerza por una de las vidrieras y me dio en la cara. En mi silencio un pensamiento comentó: "que suerte tienes pasando todos los días ante mi puerta y entrando cuando quieres en este lugar lleno de historias, de vidas y recuerdos; qué suerte poder verme en todos los colores del año y en todos los rayos de luz de mis ventanas, que suerte poder vivir aquí y estar en ese rincón de silencio cuando quieres y lo necesitas, ¡que suerte! ¿de qué te quejas?"

1 comentario:

  1. Qué familiar me suena todo esto que cuentas, yo, más o menos he pasado por situaciones parecidas. No solo he disfrutado espiritualmente de nuestra Catedral por dentro, si no también desde sus alturas, subiendo y bajando por sus cientos de peldaños caracol, sus muchos recovecos y pasadizos que esconde, un autentico mundo desconocido y también muy singular.

    No ha habido día que no pase por enfrente de la Catedral, sin alzar la mirada como buscando algún detalle nuevo entre sus paramentos y hasta puedo dibujarla de memoria. Es sin duda un joya construida por nuestros antepasados, todo un privilegio y todo un lujo, como no, que puedas pasar por su lado a diario.

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