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domingo, 22 de agosto de 2010

VACACIONES EN LA "COSTA DA MORTE"

"COSTA DA MORTE"
Agosto nos regaló una gran sorpresa, siete días en la más hermosa Galicia.
Cómo explicar el cambio que se produce en las personas por estar en un lugar mágico, en un espacio sin burgers, sin Berska, sin Zara, sin bares de moda, sin paseos marítimos plagados de extranjeros enrojecidos y achicharrados por el sol, sin platos combinados, sin todos "los sines" que uno se encuentra en el temido mes de vacaciones de Agosto.
El primer regalo, el clima, ni frío, ni calor. Por la noche fresquito, para dormir como unos señores, por el día calor, para tomar el sol, pillar moreno y que al llegar a casa no te miren de reojo y te digan, ¡qué, mucha lluvia...!
Nos alojamos en Corcubión, que es conjunto histórico-artístico desde 1984, con un hermoso casco histórico.
Visitamos Cee, y fuimos por la noche a ver "La cascada de Ézaro", un lugar explotado por una central hidroeléctrica y qué durante el mes de agosto, suelta el agua que trata en tuberías por su lugar natural, permitiendo así ver a visitantes y turistas una inmensa cascada de agua iluminada y movida por el viento, (pasamos ¡muchísimo! frío).

La noche del domingo en Cee, las fiestas nos sorprendieron con los fuegos artificiales más bonitos que he visto en mi vida, muy variados y combinados, a ritmo de música clásica y moderna, ¡ genial !.

El lunes visitamos Finisterre y la playa de Langosteira. Llena de peregrinos, terminando su camino, en el último tramo, Santiago- Finisterre. Cuentan las distintas leyendas del camino que, los peregrinos, después de llegar a Santiago tenían que dirigirse al faro de Finisterre y allí deshacerse de la ropa, quemar todo lo que les acompañó en el peregrinar, cómo ahora en esta época del año no se puede hacer fuego, los peregrinos cuelgan una prenda en un poste eléctrico situado al lado donde habitualmente se quema la ropa.

El quinto día Laxe, Camariñas y Muxía, el cementerio de los ingleses...

Playas de piedras grandes y redondas, bosques precioso.

El color verde en todas sus variedades y posibilidades.

El sexto día... ta chan! cómo no, amigos de casa, amigos del mundo. Siempre que viajamos coincidimos con amigos y eso es siempre, muy gratificante.

Y el séptimo día, fuimos al cabo Touriñán y a la playa Do Rostro. Y, la naturaleza te ofrece regalos como guindas de un pastel, la puesta de sol venía con delfines, ¡delfines!...

Cuesta despedirse de sus puestas de sol, de sus verdes, de su humedad cálida, de sus gentes, de sus historias, de la magia que a cada paso encuentras, en piedras, rincones y personas. Cuesta despedirse de tanta belleza...