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miércoles, 15 de septiembre de 2010

PARA NO DECAER...

Ya van pasando las perezas y vamos calentando moteres, y volvemos a la lucha. Hoy encontré a varias alumnas que han terminado la carrera, son "Licenciadas", exponen, tienen proyectos y están felices. ¡Es el mejor regalo de este trabajo!.

EMPIEZA EL COLE.

Quince de septiembre, otro año más a la rutina de clases tras clase, adolescente tras adolescente, cada vez más gritones, cada vez más numerosos, cada vez más desinteresados por la realidad del trabajo que deberíamos hacer los enseñantes de Arte. Han cambiado tanto las cosas que, mi deseo para este año es tener unos cuantos alumnos que de verdad sientan que a través del conocimiento del Arte, se puede crecer mejor. Lo demás, lo sobrellevaremos con esa paciencia que desarrollan ahora los docentes, y que soporta el cachondeo en clase, la falta de respeto, la falta de interés, la burla, el desorden, el griterío y el infantilismo de los alumnos de Bachillerato y por supuesto, la falta de interés de los padres por lo que hacen sus hijos y luego sus quejas y protestas a destiempo. Ah!, se me olvidaba todos juntos en clase podemos ser treinta o treinta y cinco, uno más si me cuento yo. Sacaremos toda la fuerza interior para comprender al adolescente actual, haremos de psicólogos, terapeutas, educadores de tiempo libre, adaptadores de programas curriculares. El Arte era antes vocacional, se disfrutaba tanto enseñando, era muy emocionante, tanto como enseñar Música..., ahora es una manera lúdica de sacar el Bachillerato.

domingo, 12 de septiembre de 2010

"SER ARTISTA" de JORGE EDUARDO EIELSON.

Es convertir un objeto cualquiera
En un objeto mágico
Es convertir la desventura
La inbecilidad y la basura
En un manto lumninoso
Es padecer día y noche
De una enfermedad deslumbrante
Es saborear el futuro
Oler la inmensidad
Palpar la soledad
Es mirar mirar mirar
Es escuchar el camino de Giotto
El sollozo de Van Gogh
El grito de Picasso
El silencio de Duchamp
Es desafiar a la razón
A la época
Ala muerte
Es acariciar mujer e hijos
Como si fueran telas y pinceles
Es acariciar telas y pinceles
Como si fueran armas de combate
Es acariciar armas de combate
Como si fueran tubos de colores
Es acariciar tubos de colores
Como si fueran pájaros vivos
Es pintar el cielo estrellado
Como si fuera un basural
Es pintar un basural
Como si fuera el cielo estrellado
Es vivir como un principe
Siendo solamente un hombre cualquiera
Es vivir como un hombre cualquiera
Siendo solamente un príncipe
Es jugar jugar jugar jugar
Es cubrirse la cabeza de azul ultramar
Es cubrirse el corazón de rojo escarlata
Es jugarse la vida con una pincelada
Es despertar todos los días
Ante una tela vacía
Es no pintar nada.

sábado, 11 de septiembre de 2010

FRASE DEL AÑO.

"Un hombre que se ha propuesto ser artista ya no tiene derecho a vivir como el desto de la gente".
"Gustave Flaubert".

viernes, 10 de septiembre de 2010

Articulo de Eduardo Punset, sobre los sabios de hoy.

EDUARDO PUNSET

¿Quiénes y cómo son los sabios modernos?

Me ha dado que pensar la pregunta de una joven hija de un guardia civil a la que admiro profundamente. El matrimonio de sus padres se deshizo por culpa de la esposa cuando ella tenía apenas 15 años. De la pubertad son casi todos recuerdos dolorosos, cuando no abusos de otros más fuertes y despiadados. Es una realidad que descubrimos a menudo los que, como yo, bajamos de la nube en la que vivimos. ¿Cuál fue la pregunta de esta joven ahora ya letrada?

La pregunta en sí no es tan relevante como el preguntarse por qué las personas que han sufrido formulan preguntas con mayor frecuencia a los que vivimos en una nube que a los antiguos sabios versados en lo sobrenatural. ¿Por qué nos piden a nosotros precisamente las recetas del bienestar?

Ha cambiado el concepto de sabiduría. Lo que ahora da cierta confianza a la gente es constatar la familiaridad con los procesos emocionales implicados en la felicidad, de muchos de los cuales puede medirse ya su intensidad; pero no es eso lo más significativo. Antes eran sabios los que sabían mucho latín o casi todo de la supuesta vida sobrenatural, que sigue invadiendo hasta grados inimaginables la mentalidad de las personas.

Los sabios modernos son gente implicada en el pensamiento metafórico, que aprendieron a desgranar hace apenas cuarenta mil años. Espacios cerebrales utilizados hasta entonces para sugerir determinados pensamientos de un solo género, como los materiales, se empezaron a vincular con los recuerdos anclados en espacios cerebrales totalmente distintos, como los biológicos: «Mi hijo es más resistente que el hierro», dijo algún innovador metafórico lejano. Y la joven letrada a que me refería antes pudo empezar a barruntar algo de lo que le pasaba.

El sabio moderno está más familiarizado también con el estudio de la vida antes de la muerte –que la hay, realmente, aunque mucha gente no lo crea– que con la supuesta vida después de la muerte; son también expertos en experimentar en detalle las tesis sugeridas porque son, en definitiva, partidarios de que la ciencia irrumpa en la cultura popular. Son los sabios de hoy día mucho más modestos que los sabios del pasado, y en ellos la gente tiende a confiar cuando se pregunta sobre los factores personales que pueden ayudarla a sobrevivir.

La joven letrada a la que antes me refería sigue acosada por tribulaciones sin fin, pero hoy cuenta con algunas señales a las que agarrarse en medio del vendaval. Es imprescindible aprender a gestionar las propias emociones. Saber diseñar la tabla de compromisos de forma diaria, semanal, mensual y anualmente para poder diferir lo que el cambio de talante o la crisis obligue a diferir. Hacer lo imposible para ejercer cierto control sobre nuestras propias vidas; no hay vida si no se controla por lo menos parte de ella. Ser consciente de la importancia comparativa de las relaciones personales en el entramado vital. Hace falta un determinado nivel de resistencia y perseverancia en el cumplimiento de los objetivos que uno se ha fijado. Y lo que los psicólogos califican de vocación para sumergirse en el ‘flujo’, ya sea del amor, del trabajo o del entretenimiento.

Hemos aprendido, además, y no es nada baladí, que no se puede comprar el bienestar. A medida que aumenta el nivel de riqueza –y ya puede ponerse la gente como quiera–, aumenta también el desasosiego inducido por el abanico de una mayor elección. La infelicidad no es el resultado del mercado, como se cree tan a menudo, sino de la falta de transparencia de ese mercado y la consiguiente corrupción. Que se lo pregunten, si no, a tantos defraudados y parados por culpa de especuladores que en el sector de la construcción vendieron a precios exorbitados. ■

XLSEMANAL 5 DE SEPTIEMBRE DE 2010