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miércoles, 25 de noviembre de 2009

HOMENAJE A LA MUJER LIBRE.NO A LA VOLENCIA CONTRA LA MUJER EN EL MUNDO.

NO

Homenaje, silencio… porque, se me arruga el estomago, se aprieta entre las costillas como el dolor de la dignidad cuando aparece la bofetada.

Rabia incontenida, por la historia de los tiempos en los libros que, hasta buscan el comienzo de este genocidio silencioso.

Impotencia ante los hechos del día a día que, resbalan como lluvia en nuestras caras y conciencias.

Homenajear, ¿a quién, a las mujeres…? ¿a las qué, han dejado durante siglos que el hombre abuse de su amor, de su gran capacidad de trabajo, de su inteligencia, de su poder para hacer nacer, de su paciencia para ver crecer y de su aguante ante el infortunio de guerras, enfermedades y miserias?.

¿Homenajear a las que, por amor, no han realizado su sueño aparcándose en la sombra de la casa, de los hijos del marido. A aquellas que aún siendo pegadas, maltratadas y violadas física y mentalmente cada día guardan silencio hasta la muerte…?

Más bien me pregunto cada día, ¿donde está escrito que el hombre pueda matar a la mujer, pegarla, humillarla e ignorarla como lo hace?, y me llevo las manos a los ojos para consolar las lágrimas que caen por la culpa que mis manos sienten, por no saber defender lo que soy, por todas aquellas mujeres que aún viendo y sintiendo, callaron a lo largo de los siglos, toda esta historia grabada en nuestra genética, de sumisión y servilismo.
Mi madre, mi abuela, y todas las generaciones anteriores, todas, asintieron, que por amor, por tradición, por no se sabe qué; ellas, eran capaces de aguantarlo todo. Ninguna le echo agallas y rompió esa línea de infortunio.
Me cuesta creer en la mujer cobarde, me cuesta entender su miedo.
Pero, veo ahora lo mismo en nuestros días y, cuando una se atreve y planta cara y expulsa de su vida la miseria, a los cuantos días, está muerta. Las demás, pasamos al lado, miramos y pensamos “otra”, el paso silencioso nos repasa los días de existencia, los odios acumulados afloran a la piel, en silencio nos aplacamos por costumbre, por amor, por las circunstancias, por la inercia, por el miedo; ese silencio contra los jueces que no castigan, contra los gobiernos que palabrean sin poner soluciones, contra yo misma, que callo, que no digo nada al llegar a casa, porque conozco la respuesta.
¿Ese maldito silencio es el que hay que homenajear?, ¿esa cobardía histórica de permisividad ante la injusticia? ¿Ese perdón continuo al agresor con el olvido?.
¡Ay!, no puedo.
No puedo con los hombres malos , con los gobernantes que no ponen soluciones, con los científicos que no analizan e investigan para erradicar esta enfermedad, con los abuelos que se sientan en las plazas al sol mientras las mujeres friegan compran y planchan su ropa, con las tradiciones, con el hecho de hacerse los ignorantes, con los hombres geta, con los que no respetan, con pequeños gestos de costumbre, a la mujer que les acompaña, no puedo con las mujeres políticas que hacen mal su trabajo, con las mujeres escaparate, con las mujeres objeto de manejos comerciales, con las que se acogen a la ignorancia y la costumbre, me cuesta y lo siento.
Pido perdón a las historias de todas, son muchas, cada una a su manera.
Todas, hemos consentido que la historia nos traiga hasta aquí, al mismo sitio, con la misma carga y no quiero homenajear al dolor.
Cuesta pensar en todas las historias de hombres que han sido capaces de cambiar el mundo, ponerlo patas arriba, y a la mujer cada vez más abajo.
Y ¿qué hemos hecho nosotras?, nada, aguantar lo no aguantable.
Y ya no se puede aguantar más.
¡NO A LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN EL MUNDO!.

Por Charo Acera, para el taller.