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miércoles, 25 de junio de 2008

PARAGUAS ROJO o de nosotros mismos.



25 de junio de 2008
PARAGUAS ROJO o de nosotros mismos
Los paraguas rojos de Paraguas Rojo –título de la exposición de Charo Acera en el Ateneo el Albéitar de la ULE (hasta el 30 de Junio, de 12 a 14 y de 18 a 21 horas)- son deformes. Deformes y hermosos. Tan hermosos, tan deformes, que se humanizan. Y se humanizan divinamente. Es decir, se endiosan de la humanidad que rezuman. Sin misterio alguno, sin exigencia de fe alguna. Su divinidad, su humanidad, salta a la vista, y nos brinda una clara y comprensible medida de nosotros mismos. Nos ayuda, nos pide, nos exige y nos facilita ir más allá del Paraguas Rojo que lleva cada personaje, que llevamos cada uno de nosotros. Por eso son deformes los paraguas de Charo Acera, porque están hechos a medida de nuestras virtudes y defectos, de nuestras esperanzas y sueños, de nuestros fracasos y temores. Tal que nosotros son sus paraguas, temor y deseo.
Los cuadros de Charo Acera, estos Paraguas suyos, nos hablan. -¡qué prepotencia!-, me hablan de la necesidad de trascender, de atravesar, de penetrar bajo el Paraguas Rojo –rojo de sangre en movimiento, rojo de vida- de cada uno de los otros; de la necesidad de, a veces, cerrar el propio paraguas, de salir del amparo del Paraguas Rojo bajo el que –como cada cual- me protejo de los otros. Y es que así vamos, protegiéndonos siempre de los otros, sustrayéndonos siempre a los otros, y así nos va.
Proclama Charo Acera de sus, de su Paraguas Rojo que “es silencio… es cobijo… es sueño…”. Y esta poética declaración afirma lo que hacemos con nuestros paraguas rojos o invisibles, protegernos, cobijarnos.
Insisto, por eso se deforman los paraguas de Charo Acera, porque se hacen cueva a nuestra medida para que en su interior encontremos el silencio proclive a la íntima reflexión, la calma precisa para la preservación de nuestros sueños, el cobijo exacto e imprescindible, esencial, para la salvaguarda del yo más irrenunciable.
Charo Acera, ha buscado cobijo en sus paraguas para a través de ellos, quizá sin pretensión alguna, radiografiarnos a todos. O acaso no conozco a esa mujer invisible que esconde su vulnerabilidad bajo su paraguas, o no soy yo, años ha, ese niño que se esconde doblemente, también en el libro que lee, bajo su Paraguas Rojo.
Si me hacen caso, correrán a ver la exposición, quizás se descubran en ella, quizás redescubran a esa desconocida, a ese desconocido, con el que tanto tiempo compartimos. Si se la pierden, a mi no me reclamen. He avisado. Tarde, pero he avisado.
Publicado por Juan Campal en 6:28 PM

http://www.leonoticias.com/frontend/leonoticias/Paraguas-Rojo-O-De-Nosotros-Mismos-vn14906-vst268

viernes, 6 de junio de 2008

PARAGUAS ROJO.

Esta exposición, lleva fraguando se año y medio en mi taller, pero por fin ya está a la vista en la sala, ya todo el mundo puede leerla y mirarla, porque para eso se hacen los cuadros, para que los demás vean en tu obra un poco de ti y tal vez, un poco de ellos mismos. Ayer en la inauguración, había muchos amigos, muchos amigos que hacía mucho que no veía, y muchos entrañables, que hicieron el esfuerzo de abandonar sus vidas para pasar un rato conmigo, por ello doy las gracias a todos, fue para mi un gran alivio y un gran apoyo que estuvieseis tan cerca. Porque cuando uno muestra su alma y, os puedo asegurar que hay muchísimo de ella en cada uno de esos cuadros, siente el vértigo de la desnudez, el temblor de la soledad y del frió, y los nervios de ese infinito mundo que es el miedo a ser visto. Pero esta serie de trabajos me han servido para mirar, para analizar, auscultar, y visualizar eso que a veces es tan necesario "uno mismo".
Ha sido difícil, porque la pintura, es difícil; no es mi medio, no se pintar, y procuro aprender con cada trazo. Soy autodidacta con el pincel y lo muevo como si fuese un palillo de modelar, pero no funciona así el color y me cuesta, me cuesta como cuando uno estudia de mayor una lengua o un idioma, me cuesta como el que tiene que aprender a caminar, me cuesta todo lo que quiero entender.
El paraguas, el cobijo; el rojo, la fuerza y las composiciones, necesidad de silencio, soledad y aislamiento, la figura en blanco, simplemente el alma sin cuerpo, el yo sin forma aparente sin necesidad de ser visto; el cuento y la historia de como me siento, de como me he visto, de cómo sin querer me he ido transformando.
Y, no ha sido malo, porque algunos pensaron que lo que allí está pintado, es angustia y dolor, no; es, solo el cambio, la transformación y sobre todo ese gran esfuerzo por superar los avatares de momentos cotidianos.
Pintar se ha convertido en la terapia, en la hora del diván, en la oreja que me escucha, en el silencio de la meditación, y en el andar para encontrarme.
Es verdaderamente mágico mirarlo todo ahora, después de tantos días, acabado y colgado, y sobre todo es un gran cansancio, el que se siente después de un gran trabajo.


INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN "PARAGUAS ROJO", en la Sala de Exposiciones del Albeitar, Universidad de León.

Articulo de prensa del periódico "La Crónica".